Fuimos hablando poco a poco ... del trabajo, del tiempo... de lo caro que estaba todo ... de las navidades que se acercaban ...
Un día volviendo a casa me comentó que había pedido el día libre porque no tenía quien se quedara con su niño que estaba con paperas. De ese modo tuve un pequeñito acceso a esa privacidad que guardaba tan celosamente.
Le intenté preguntar a cerca de su niño ... edad, a qué colegio iba ... lo normal mostrando mi sincero interés y sintiéndome parte, al menos un poquito más, de su hermético universo.
Quería preguntarle si su pareja no podía atenderle por un día... o si no tenía más familia ... pero noté que en el mismo momento que hizo el comentario sobre su hijo, su carita cambió radicalmente como si "hubiera metido la pata", como si hubiera abierto una ventana a la vulnerabilidad.
Por supuesto que no me dio opción a ninguna de esas preguntas. Se paró en seco y dijo ... "creo que me he olvidado las llaves de casa en la cafetería. Tengo que volver a por ellas, pero no hace falta que me acompañes. Hasta mañana"
No me dio tiempo a nada ... a penas un ... " no se nada de ti más que lo que recuerdo vagamente de nuestra época en el instituto y de la uni, pero quiero que sepas que si necesitas una amiga, para lo que sea, aquí me tienes..." Ni si quiera tuve la certeza de que escuchaba mis palabras mientras se alejaba con la premura que sólo el miedo sabe inducir ...
El resto de la semana creo que procuró evitarme. Porque como bien me dijo, si que pidió el día siguiente libre, pero tan solo el día siguiente. El resto de la semana estuvo trabajando como siempre, tratando de mantener un sutil equilibrio entre su contenido volcán emocional y la realidad en la que tenía la obligación de seguir moviéndose para subsistir. Y a la hora de cerrar ... desaparecía...
Yo por mi parte, tampoco quise forzar la situación para encontrarme con ella. Si algo le ocurría tenía que ser lo suficientemente duro, o complicado, o angustioso, o aterrador para llevarle a comportarse de aquel modo. Yo no quería convertirme en un problema más para ella, o una preocupación más o algo que consumiera la poquita energía que parecía tener.
El viernes, mi ultimo día laboral de la semana, me acerqué a abonar mi consumición en la barra, aprovechando que el dueño no estaba, ya que no quería ser, para nada, motivo de "distracción"ni de "bronca" para ella, y... al abonarle mi café y mi pintxo le dejé un papelito con mi numero de teléfono y mi dirección, "por si alguna vez necesitaba algo".
Llegaron, al parecer, sus vacaciones, porque en 10 días no apareció por la cafetería. En su lugar una veinteañera con mucho desparpajo y simpatía, parecía tener 4 manos en vez de dos. Le daba tiempo a atender la barra, charlar amistosamente con los clientes, tener la mesas servidas y limpias y regalar sonrisas a la vez.
Los clientes más asiduos bromeaban con el dueño haciendo las típicas odiosas comparaciones entre sus dos camareras. La suplente y María. "Juanita calamidad", me pareció escuchar incluso, de algún "bocachancla" refieriéndose a María ...
A penas pasabamos 10 minutos en esa cafetería, pero en esos 10 días fueron mas que suficientes para haber escuchado de todo. Parecía que había quorum en la sentencia, que entre superficiales risitas, declaraba a Maria culpable de no estar a la altura del trabajo que desempeñaba.
con tan tan mala suerte ... que en uno de esos jocosos y desacertados comentarios, María debió aparecer cuando volvía a la cafetería a recoger las llaves debido a que al día siguiente se incorporaba al trabajo.
Esa vez no pudo más ... y se rompió.
Le bastó con escuchar, cuando cruzaba la puerta, a un grupito, asiduo al pintxo de las 11, un comentario que derrumbó esa frágil coraza que creía protegerla:
- Y a qué se debe que sigas manteniendo el contrato a ese desastre de mujer que trabaja para ti? si no da pie con bola!! y dudamos después de 2 años de si sabe hablar o no. porque no recuerdo haberla odio hablar ni una sola vez... y sonreír desde luego que ni le enseñaron!!
- no parece poner mucho interés en nada y no paras de quejarte día tras día de que sigue repitiendo y repitiendo los mismo errores ..."
- de donde la sacaste, amigo? parece siempre enferma y amargada??
María no pudo reaccionar por momentos, hasta que todos aquellos bocazas, sabiéndola de repente ahi, se fueron girando para descubrir con la poca vergüenza que les quedaba, tras ser "descubiertos in fraganti"..., hasta dónde habían metido la pata...
Pero qué le ocurre a la gente?? a esas alturas yo no tenía muy clara idea de lo que María estaba pasando, pero no había que ser Einstein, para darse cuenta de que algo grande tenía que estar convirtiéndola en ese "desastre" que parecía ser.
Dónde queda la empatía de la gente?? o al menos el respeto?? Porque imaginemos que nada la estuviera ocurriendo, y que fuera por naturaleza así (que lo dudo y lo dudé desde el minuto 0, y más cuando tuve la suerte de haberla "conocido en otras muy distintas circunstancias") ... Y si fuera así que???
Es que hay que hacer siempre leña con los àrboles más frágiles y rotos??
Qué gana la gente juzgando, burlándose, criticando? no lo entiendo la verdad. Y me alegro de no entenderlo, porque significa que al menos no caigo en la misma horrible manía de juzgar y machacar por puro placer...
María rota (por fin) en lágrimas, salió corriendo ... y se tropezó con nuestro grupito que llegaba a tomarse el cafecito de la mañana...
Esta vez no lo dudé ni un instante y la seguí ...
(María se fue una mañana, parte II
by Nati Kaa Sánchez)


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