lunes, 29 de febrero de 2016

María se fue una mañana .... (parte I )




Conocí a María cuando yo aún vivía en España. Y no había vuelto a verla hasta aquel día ...

Era mi primer dia en aquel trabajo. Todo el mundo "conocía" a todo el mundo, por supuesto menos yo. 
Una compañera muy amable "se hizo cargo de mi" y me fue explicando el funcionamiento de cada departamento, sección, y me presentó a mis nuevos jefes y compañeros... a los que estaban ocupados,  se refería a ellos mientras me enumeraba sus nombres y puestos, haciendo a la vez algún comentario a cerca de su personalidad, o algo que los definiera "para que me fuera ubicando", decía ella entre simpáticas risitas cómplices. 

La verdad, recuerdo, que todo esto me hizo sentir muy bien. Relajada. Confiada. y cuando uno se siente bien es tan fácil estar atento a todo, receptivo a cualquier pequeño detalle ...
Nunca es fácil comenzar en un nuevo "lugar", llámese trabajo, vecindario, asociación ...  sin sentirse desplazado, inseguro, incluso fuera de lugar ... a pesar de que para mi los cambios siempre hayan resultado, a pesar de todo,  FASCINANTES. 

A la hora del "café", a media mañana, la compañera que fue mi cicerone durante todo el día  (y hoy una de mis mejores amigas), me invitó a acompañarla, a ella y a su grupo de amigos-compañeros a disfrutar de esos minutos de relax. Fuimos a una pequeña cafeteria de la esquina.

Muy buena gente. La verdad. No podía creer que mi primer día de trabajo, en un BUEN trabajo, estuviera siendo además una experiencia realmente BUENA. 
Después de pasar por tantos diferentes empleos, y un largo y costoso caminar, recuerdo que cuando decidí poner en orden mi vida y lo que esperaba de ella, algo comenzó a funcionar a mi alrededor. Era como si el engranaje del reloj de mi vida, oxidado y torpe, por fin se pusiera en marcha...

Y ese día conocí a María...
Bueno, a decir verdad, cuando vives en una pequeña ciudad, poco más o menos, todos nos "conocemos" un poquito, aunque sea de vista. O bien has estudiado con alguien relacionado con esa persona. O bien es familia lejana... o bien es amigo o amiga de tu vecina... o ...
Por ello digo que la conocí, porque es cuando realmente entró en mi vida y creo que yo también, de algún modo, en la suya. Creo que si.

Recordaba a María como una joven mujer guapísima. Llena de luz y de energía. Debía ser un poco más mayor que yo. Y recuerdo haberme fijado en el desparpajo y facilidad con la que siempre parecía desenvolverse. 
Si estuviéramos en USA,  el término para definir a alguien así, en colegios, institutos y universidad, al parecer, sería como la chica "más popular". Una de esas personas que destacan e irradian carisma y alegría a raudales y a las que solamente por eso se las imagina o augura un futuro espectacular.

y la recordaba así, con todo ese aura de maravillosas virtudes ... por eso... me costó un poco-bastante ponerle nombre a aquella "cara tan familiar"... 
Si, reconozco que tardé varios minutos en reconocerla.
Su cara ... sin aquella luz, su cabello raído y mate sujeto en una minima y revuelta coleta...
Una piel prematuramente envejecida y ajada y una ojeras enfermizas en un rostro distraído y difuso.

Pero si. Era ella. Era María ...

Habíamos estudiado en el mismo colegio, habíamos coincidido en el conservatorio, donde sus cualidades artísticas también brillaban con luz propia... Una voz delicada y aguda, destacada violinista, al menos hasta que un día dejó de asistir ...

Me disculpé un momento con mis nuevos compañeros y me dirigí a saludarla ... pero al llegar a la barra (de la cafeteria donde ella trabajaba ayudando al dueño a servir cafés y desayunos), me detuve en seco para no intimidarla-avergonzarla más. El dueño, la estaba recriminando a media voz pero con muy durísimas palabras su "evidente torpeza , su mal trabajar, sus interminables despistes ... su apatía y desinterés..."
Ella se limitaba a contener la postura y a sujetar las lágrimas. Me di media vuelta y me volví a sentar con mis compañeros, pero mi pensamiento se quedó vagando alrededor de aquella carita ahogada por la pena y la impotencia ...

Lo último que escuché decir al dueño cuando alcancé la mesa en la que estábamos sentados, fue: "esta es la ultima oportunidad que te doy, no quiero perezosos en mi negocio... hay mucho que hacer aquí..."

María se perdió tras una puerta que seguramente daba a la cocina...

Enseguida volvimos a nuestros puestos de trabajo. Alguno de mis nuevos compañeros hizo algún comentario a cerca de María y de su jefe... Cosas como: qué paciencia tiene ese hombre con esa chica... o " esa pobre no acierta una" .... o  "pero cómo se puede ser tan torpe...?"

Por alguna razón que no llego a comprender, tengo tendencia a pensar, a sentir que tras una mirada llena de tristeza unida a un comportamiento "torpe, patoso, lento, ..." seguramente existe una poderosa y no menos triste explicación a todo ello...

Seguimos trabajando. El maravilloso día laboral (para mi) terminó en unas horas y era el momento de volver a casa...

No pude evitar dirigir mi mirada a la cafetería, al pasar por delante de la puerta, tratando de ver de nuevo a María, y de este modo, poder entender un poco más, tal vez con algún gesto, alguna mirada, qué estaba ocurriendo para que una persona con un carisma y una luz tan especial, pareciera tan solo un delicado y desgastado fósforo, consumido y a punto de apagarse...

La vi. Si. Unos segundos. Suficientes para darme cuenta, como imaginé, que estaba ensimismada y abstraída mientras terminaba de fregar el suelo y colocar en alto las sillas sobre las mesas. Estaba muy lejos de allí. Eso estaba claro... pero dónde ...?

La semana transcurrió (para todos) con más de lo mismo ... y eso en mi nuevo trabajo, mis nuevos compañeros ... se traducía en: bien. Muy bien. 

En la cafetería donde trabajaba María, con más de lo mismo, también. Pero me temo que más de lo mismo en esta ocasión no tenía nada de bueno, la verdad.

Y a medida que la semana avanzaba, yo iba notando que cuantos más reproches María iba acumulando, su inseguridad y su torpeza seguían yendo en aumento. Y sus respiraciones agitadas y profundas también. Intentando arrebañar de sus entrañas, tensión? tristeza? dolor? menosprecios? o tal vez incomprensión ...

Los dos últimos días de la semana, tras haberla saludado a diario para romper el hielo y hacerme ver, me quedaba después de salir de mi trabajo cerca de la cafetería para ver si era ella quien se quedaba al cierre, y si volvía sola a casa.

Quería hablar con ella. Este mundo necesita gente con luz. Ella la tenía. Necesitaba entender que estaba pasando con ella. No me gusta ver sufrir a nadie, y mucho menos a esas personas que en algún momento de la vida nos han hecho ver que la alegría se contagia y que la luz nos invita a ser mejores personas...

En efecto ella era quien cerraba. Y nadie venía nunca a esperarla para acompañarla a casa. Al menos en esas dos semanas que estuve observando. Así que al lunes siguiente me decidí. Me hice la encontradiza.

Tiendo a pensar que todo tiene una explicación, una razón de ser. Por eso ni se me ocurre hacer un juicio de valor. Primero porque no soy quien. Segundo porque cada uno de nosotros se enfrenta en silencio a sus propias grandes batallas que nos desgastan y que muchas veces nos convierten en sombras de lo que fuimos o de lo que podríamos llegar a ser.

Detrás de comportamientos torpes, despistados, inseguros, acelerados y lentos a la vez, he descubierto que muchas veces se esconde algún tipo de maltrato..., pero esto es otra historia y además esto era mucho pensar e ir demasiado lejos cuando, a decir verdad, yo no tenía ni idea de si realmente le ocurría algo y si ese algo tenía que ver tan solo con ella o por el contrario lo que le sucedía lo causaba algo o alguien de lo que ella misma ni era responsable y mucho menos culpable.


Ese lunes cerró. Dejé que se alejara un poquito y aparecí por una callejuela en frente de ella.
Me sonrió timidamente y aceleró el paso. Le pregunté que hacia donde iba, que había que aprovechar la "casualidad" de habernos encontrado y que podríamos volver juntas a casa. "Así nos pondríamos al día" después de tantos años sin hablar.

Me pareció ver cierto miedo en sus ojos. Ese miedo "a que pregunten demasiado y no sepas mentir". Ese miedo a que toquen alguna fibra aún no endurecida demasiado y que rompas a llorar...
Ese miedo a recordar tiempos pasados más felices... y volverte de nuevo vulnerable.
Aún así no desistí. Pero respetando...
Me limité a caminar con ella en silencio. Respetando sus posibles miedos, sus pensamientos y dejando que la confianza naciera entre las dos.

Mi casa estaba antes que la suya, pero ella lo desconocía, así que seguí caminando a su lado hasta que llegó a su portal.

Un hasta mañana y una sonrisa un poco más relajada fue lo que generosamente me regaló antes de que su mano temblara ligeramente antes de mirar su reloj y de introducir la llave en la cerradura de la puerta.
Mientras me alejaba la escuché respirar profundamente antes de entrar en el portal ...

(María se fue una mañana - parte I
 by Nati Kaa Sánchez)




Christchurch, New Zealand, 1 de marzo de 2016






lunes, 8 de febrero de 2016

... un pequeño gran milagro ...







Alguien me dijo hace unos días ... :
- qué tendría que ocurrir este año que acaba de empezar, para que te sintieras feliz ...?

Por supuesto que vinieron a mi mente varias cosas, la mayoría de ellas buenos deseos para mi familia y amigos... y entonces ella se me adelantó, como si leyera mi pensamiento y me dijo:

- una que te hiciera feliz a ti y por tí, aunque luego repercutiera en los demás ... 

Hmmm ... lo tuve muy claro. Le contesté: 




- ME ENCANTARIA QUE MI LIBRO SE LEYERA EN TODO EL MUNDO, porque me gustaría poder seguir escribiendo y repartiendo magia y sonrisas..., y mi mayor deseo es crear la Fundación Kaaleidoscopio Azul para ayudar a niños de todo el mundo con diferentes proyectos ...

- Y qué te frena para conseguirlo si tu libro es bueno y diferente??

- Pues ... que hay muchísimos libros buenos y diferentes ... y...

Contestó de nuevo casi más rápida que mis pensamientos:
-... excusas!!! ... a caso lo has pedido? 
Pedir es la forma más directa y rápida de obtener 

..."



Llegué a casa y una vez más, comencé a dormirme en mis inseguridades, mis miedos, si... también en mis grandes amigas las excusas ... y una vez más, los días volvían a escaparse, esperando y esperando un milagro que surgiera por generación espontánea ... Cuando los milagros seguramente que necesitan siempre de una pequeña semilla o un gran empujón ...
Pero, sinceramente esto no es nuevo, ... es lo que nos ocurre a las personas que no confiamos del todo en nosotras mismas ...  las que nos escondemos detrás de lo que nos enfrenta a encararnos con nuestros sueños de un modo valiente y decidido ...
Pero hoy, para variar, he decidido quitar las telarañas de mis miedos, armarme de valor, y confiar en esa MAGIA de la que hablo en mis libros ... y ... aqui estoy para pediros:
ME AYUDAIS A QUE EL KAALEIDOSCOPIO AZUL LLEGUE A TODOS LOS RINCONES DEL PLANETA, POR FAVOR??


... necesito un pequeño gran milagro y sólo tengo mi libro para conseguirlo...
Puedes compartir esta publicación? 
Me encantaría colarme en tu casa y en tus sueños y si te gusta y me dejas, también durante un ratito en tu corazón de niñ@ que aun late muy fuerte.
Suena cursi, pero ... es que a veces hay que serlo ...
GRACIAS.GRACIAS.GRACIAS.GRACIAS.MILLONES DE GRACIAS!!!!!!!!
y de paso si quieres comprarlo, o leerlo ... El Kaaleidoscopio Azul puedes encontrarlo aquí : 






... y como dice El Kaaleidoscopio Azul ... " si creo en la Magia, existe ..."