Todos los dias, al salir de trabajar, desde hacía tres semanas, Miguel seguía la misma rutina:
Dejaba la corbata en uno de los cajones de su escritorio, en su flamante despacho de abogado...
Se colocaba el abrigo y la bufanda y salía a la calle a hacer lo que venía haciendo desde que el invierno no sólo llegó de forma inesperada y abrupta a la ciudad, sino también a su corazón.
Bajaba por las escaleras para evitar cualquier "posible compañía incómoda" en el ascensor... ya sabes, alguien que preguntara lo que no debía o peor aún, alguien que le mirara con cara de compasión ...
Al llegar al portal, elegante y distinguido donde los hubiera, en un "barrio bien" que aseguraba una clientela con pudientes, tomaba siempre la dirección que le llevaba, entre callejuelas solitarias y estrechas, al parque "de los patos" como habitualmente todo el mundo lo llamaba porque en un tiempo atrás, en el pequeño estanque justo después de los rosales, una familia de patos solía chapotear cada tarde. Pero eso era en un pasado que a Miguel le parecía tan lejano, como lo eran los buenos recuerdos de su vida, de aquella vida que le llenaba de paz y dulce felicidad.
Cuando apenas doblaba la esquina de la última callejuela que conducía al parque, Miguel se dejaba embriagar por el aroma de las castañas asadas... un aroma que reavivaba tanto sus recuerdos como sus glándulas salivares.
Después, se acercaba a la tan solicitada castañera. Ella era una silenciosa y siempre sonriente ancianita que parecía leer los pensamientos de quienes alli se acercaban...
Miguel esperaba su turno, y como siempre, día tras otro..., le pedía a la castañera dos docenas de castañas.
Seguidamente se sentaba en el mismo banco, cerquita del puesto de las castañas, para que de algún modo su calor y su deliciosa fragancia le acompañaran en aquellos largos 20 minutos en los que "algo" parecía transportarle lejos de allí.
Y como siempre... cuando se marchaba, cabizbajo y apostaría incluso que lloroso, ... una de las bolsitas de castañas, al parecer una de las 2 docenas, se quedaba intacta en un rinconcito del banco... y así día tras día.
Los fines de semana, aunque el despacho cerraba, le gustaba pasear cuando caía la tarde y el cierzo se abría paso hasta los huesos y ... hasta las almas rotas ...
Era como si el frío helador congelara su pena o la volviera insensible al dolor ... y de este modo tan solo pudiera sentir paz, o tal vez vacío? Un vacío necesario y reparador, como una imprescindible tregua en una batalla sin fin ...
Esa tarde-noche la castañera estaba sola. No había nadie esperando por sus deliciosas y reconfortantes castañas...
Se acercó al puestecillo y como siempre pidió sus 2 docenas de castañas. Y seguidamente y por primera vez en esas semanas... se decidió a entablar una pequeña conversación con la castañera.
"-está usted muy sola hoy, dónde está la gente?. No me he cruzado con nadie en todo el parque y aquí tampoco hay ni un alma..."
La dulce ancianita sonrió y le dijo a Miguel ...
- Pero hijo, en qué mundo vive usted? Hoy es víspera de los Reyes Magos y la gente a estas horas está, por descontado en la cabalgata.
- Pensé que las Navidades se habían terminado ya - contestó Miguel un tanto pesaroso y entristecido a la vez ... Ya sabe ... cuando uno trabaja mucho, se olvida del día en el que vive ...
La Castañera se limitó a sonreir como respuesta y a darle amablemente las castañas...
Miguel se alejó un poquito para, como siempre, sentarse en el mismo banco.
Cuando se disponía a ensimismarse en sus pensamientos, en su tristeza o en aquello que llenaba su mirada de sombras, se dio cuenta de que faltaban 12 castañas.
Levantó la vista y la Castañera ya no estaba....
Y qué haría ahora? se comía esas 12 o las dejaría en el banco arrinconadas ... para "lo que fuera"??
Mientras volvía a esa "inesperada realidad" de "no poder hacer lo de siempre", alguien por detrás tocó su hombro.
Como era de esperar, se sobresaltó y se giró a una velocidad inusual en él en esos últimos tiempos.
SI. Era la Castañera. Y venía con un pequeño y calentito paquetito.
Se acercó por delante del banco esta vez, disculpándose por el sobresalto y cuando se disponía a entregarle la otra docena de castañas, de nuevo, sonriendo apaciblemente le dijo así:
-Hijo, por qué compra siempre 2 docenas de castañas, si tan solo se come una docena de ellas? y por qué siempre deja la otra en este banco... semi escondidas...?
Estaba claro que la anciana le había estado observando ... y eso, de algún modo, le hizo sentir un poquito más cálido su corazón. No estaba tan solo. No era invisible ...
La dulce Castañera no parecía desistir en su empeño de escuchar lo que le había traído hasta Miguel, puesto que ni corta ni perezosa, se sentó a su lado antes de que a Miguel le diera tiempo a abrir su boca. Así que Miguel escarbó en algún lugar de su maltrecho corazón y comenzó a relatarle a la Castañera de este modo ...
"- Mis padres trabajaban muy duro durante la semana, pero siempre había un huequito a lo largo del día para venir al parque.
En primavera y verano, después del cole y antes de hacer mis deberes... a jugar un ratito a la pelota... o a aprender a andar en bici, o a perseguir patos, o ... ...
Y en invierno, en días como hoy ... siempre veníamos a por castañas.
Vivíamos en un barrio bastante alejado. Éramos muy pobres, pero papá y mamá siempre decían:
"Hijo, siempre hay que cuidar de los que tienen menos, porque donde comen 3 pueden comer sin duda cuatro o más.
Nosotros tenemos que dar gracias al cielo de que estamos sanos y que al menos trabajando los dos tú puedes ir al colegio y en la mesa no falta comida"
Y esto, señora Castañera, también implicaba que cuando veníamos a por castañas, comprábamos siempre unas poquitas más para compartir con algunos vecinos que adoraban las castañas pero que no podían permitirse lujo tal en aquellos tiempos.
Comprábamos las castañas y volvíamos rapidamente a casa para que no se enfriaran. Y tocabamos a las puertas de algún vecino y nos escondíamos para que no vieran quienes les regalaban una "calentita e inesperada sonrisa " al menos por esa noche.
Así aprendí lo bonito que es compartir... y que poco siempre es mucho...
Y estaba tan orgulloso y feliz de los padres que tenía que cuando ellos pusieron sus sueños en mi, para que consiguiera una carrera y fuera un hombre respetado y con unos buenos ingresos que me permitieran vivir bien y a la familia que yo formara, la verdad.. no puede ni quise negarme.
Mi padre, porque era jardinero en una maravillosa casa de uno de los abogados más importantes de la ciudad, siempre soñó para mi, que yo fuera un gran abogado también...
Para mi pobre padre la "buena vida" estaba asociada sin duda al hecho de ser abogado y vivir de ese modo tan cómodo y despreocupado.
Tenía tantísima ilusión que allí estaba yo, estudiando Derecho, y por supuesto intentado ser el mejor estudiante para pagarles con creces tanto amor y dedicación. Eso si, teniendo muy en cuenta su otro deseo:
" - ... pero no olvides que siempre tienes que ayudar al que no tenga, o al que lo necesite..."
Así me convertí en un prestigioso abogado, y conocí en la facultad una maravillosa mujer que durante muchos años hizo de mi casa un hogar, nuestro hogar. Nuestro y de nuestros hijos.
Yo trabajaba mucho, siempre tratando de complacer la memoria de mis padres y la vida y deseos de mi familia. Tanto tanto trabajé y tanto ayudé a los demás que al parecer descuidé a quienes me esperaban en casa. Al menos eso me dijo mi mujer hace 4 semanas cuando me dio en un sobre los papeles de un divorcio que me pilló del todo desprevenido y ... tristemente sorprendido ..
Al parecer, se marchó, con nuestros hijos, al extranjero, para darles una mejor educación, y ... con su nueva pareja
Cuándo sucedió todo esto que yo no me había enterado de nada?
En la casa se respiraba amor y respeto ... aunque ella alega que también un aburrimiento aterrador ... y una soledad lapidaria ...
Yo ... estoy perdido, señora Castañera... por eso me aferro, como puede ver, a mis mejores recuerdos... aquellos que nunca me confundieron ni causaron tristeza alguna...
Y por ellos las castañas ... porque ellas ahora mismo donde nada parece tener sentido, me devuelven por minutos la alegría y el calor de un amor incondicional... el de mis padres que ya no están, pero a quienes siento más cerca que nunca... Qué curiosa es la vida, verdad??
Y las otras castañas, como puede imaginar ... son para que alguien que de verdad las necesite las encuentre y con ellas una cálida sonrisa perdida...
Sabe, señora castañera...?
Si volviera a nacer haría las cosas de otra manera... porque ahora me siento tan vacío y sòlo.... porque no seguí mis sueños sino los de los demás... y sabe?? si no sigues tus sueños, cuando el mundo a tu alrededor desaparece... no te queda nada...
Si volviera a nacer le explicaría a mis padres, con todo mi amor... que lo que yo siempre quise ser es Jardinero... que soñaba con abrir una floristería... tener mi propio negocio y puede que luego, si las cosas iban bien... abrir otra para así demostrarles que sueños y futuro cierto pueden ser posibles juntos, que son totalmente compatibles ... y que al menos durante tu trayecto, mientras luchas por tu sueño... te aseguras que vas a ser al menos un poquito más feliz...
Si volviera a nacer... dedicaría más tiempo a mis niños. Lo hice. Lo prometo ... pero nunca les traje al parque a jugar... , y nunca vinimos a comprar castañas juntos ...
Estaban tan ocupados los pobres aprendiendo a ser perfectos para "tener un buen futuro" que no compartí con ellos mi niñez ... me olvidé, ya ve, de lo más importante...
Si volviera a nacer ...."
La Castañera en ese mismo momento se levantó del frío banco y tomó la mano de Miguel ... y con la misma dulzura que hablaba a cada persona que se acercaba a su puestecillo a buscar un poquito de calor en forma de humeantes y deliciosas castañas ... le dijo de este modo:
"-Hijo... nacemos cada día... !! Es que aún no te has dado cuenta...?
Con el alba, se nos da una nueva oportunidad de comenzar, de enmendar, de reconducir nuestras vidas, de aprender más y mejor ... de ilusionarnos de nuevo y de corregir errores o aquello que no nos gusta y nos hace infelices...
... Cada día es una nueva oportunidad de volver a ser niños y de cumplir nuestros sueños....
... y no olvides, además, que siempre podrás encontrar un puestecillo de castañas al que llevar a tus hijos... allá donde estés ...
A qué estás esperando?!!
Lamentarte no es el camino, sino desempolvar tus sueños y luchar por ellos."
La castañera depositó la bolsita de castañas en la mano de Miguel. Inexplicablemente seguían calentitas... y esta vez, el calor de las castañas y el de las palabras de la anciana fueron directamente a su alma que sentía, por primera vez en varias semanas la tibieza de la esperanza...
Levantó su vista para agradecer a la castañera ... su dulzura, su tiempo, sus palabras .... pero ella ya no estaba allí.
Fue corriendo al puestecillo, para darle un gran abrazo y desearle una mágica Noche de Reyes ... pero el puestecillo estaba cerrado y es mas, había un cartel pegado en la puerta:
"Este puesto de castañas permanecerá cerrado
hoy día 5 de Enero,
víspera de Los Reyes Magos,
víspera de Los Reyes Magos,
por la defunción de Margarita,
nuestra querida castañera"
"Si volviera a nacer"
by Nati Kaa Sánchez
en Christchurch a 13 de agosto de 2016

maravilloso¡¡¡¡¡
ResponderEliminarToda la razon ;cada dia nacemos